viernes, 25 de octubre de 2013

Carta de amor y de adiós (después de algunas vidas)

No sé que fue lo primero que me enamoró de ti, no hay manera de entender el comienzo si el comienzo ya estaba dentro de mi incluso antes de conocerte. Ya daba todo por la relación incluso antes de verte caminar por la acera contraria. Soñaba contigo y con tu espíritu, con tus posibles olores, con tu posible carácter, con tu posible ser.

En todos los planos ibas bella y altanera, bonita y lindísima como el polen que pulula en primavera, delicada y transparente, también ibas peligrosa. Ya sabes, las flores con mayor número de espinas son las más hermosas. Al pétalo se le aprende a amar, a las espinas primero se les respeta y después de algunos pinchazos e infecciones, se les odia. 

Incluso antes de conocerte calculé el número exacto de litros de lágrimas que derramaría, en este punto fui el peor de todos los ingenieros pues me preparé para ser desbordado por los metros cúbicos de un estanque, si a caso de un lago, sin embargo después de ti ayudé a elevar los niveles de todos los océanos debido a los infinitos desbordes a raudales desde mis cuencos que ven.

Cuando finalmente te conocí no tenías ni puta idea de mí. Te observaba admirado cada que coincidías frente al camino de mis superfluos ojos y yo imaginaba y te hacía historias, historias con colores, historias con champagne, historias de viajes místicos, historias que matan. Ya te amaba con todas las ansias. 

Planeaba nuestros siguientes viajes y sin embargo no sabía ni que hacías, ni que veías, ni si estabas con alguien, pero estas coincidencias frecuentes me hicieron medir los momentos con el grandilocuente invento humano, el reloj. A partir de ahí sabía en qué momentos tendría que ir a coincidir para verte danzar al compás de la caminata. Tus horarios no fallaban y mi espíritu cada vez se hacía más fuerte.

Aún sin conocerte siempre te extrañaba, te extrañé durante muchas mañanas, te extrañé durante todas mis noches. Hasta que te conocí, entonces todo mi mundo se simplificó entre dos ocasos, uno de sol y otro de luna, uno que sale y otro que entra, en uno estabas tú, en el otro, también. Fue cuestión del cosmos y del espíritu intangible que habita dentro de los corazones que murmullan. Y tú tienes un corazón así de gigante y yo tenía un corazón gigante y hueco dispuesto a ser llenado por ti.

Platicamos, salimos, volvimos a coincidir y bebimos hasta el primer beso. A partir de aquí la polarización de mi alma se dividió entre las dos más grandes vertientes humanas, la del amor y la del odio. Aprendí que si amas a alguien odiarás su partida, viví que si estás enamorado odiarás cada una de sus mentiras. Y ella me mintió y yo le mentí y todos nos mentimos y la vorágine del caos acabó por esconder nuestros pétalos y por afilar nuestras espinas.

Han pasado ya algunas vidas desde la última vez que la vi, vidas de miedo, vidas de celos, vidas sin ti. 

Contigo aprendí que un duelo no es solo una madre que muere inesperadamente, duelo no es solo un cuerpo rígido y frío, duelo no es solo un pedazo de carne humana devorada por los gusanos, no. Duelo también son las noches sin ti, mañanas en las que daría mi vida entera por un solo instante más contigo, por un día más para despertar abrazadito contigo, amanecer llenos de júbilo, gracia y amor tan desbordante que antes de que te laves la boca te besaría apasionadamente. Antes de irte al trabajo te follaría como un toro enamorado hasta nuestras muertes chiquitas, luego volveríamos a hacerlo sin importar los minutos de retardo, después te dejaría el desayuno una vez que salieras hermosa y reluciente después de arreglarte.

Nunca he podido ser aquel gran iluminado del que los ascetas hablan. Soy un trapo, un débil, un enclenque fútil y humano que palidece sin usted. No soy el tipo desprendido de todo, al menos no de lo nuestro. He podido desprenderme de mi mismo, de la vida, puedo desprenderme de la triste estirpe humana. Enterré a mis mis más queridos muertos y me desprendí en vida de ellos. Me desprendí de mi piel y de mis ojos, de mis entrañas y de mi corazón, me desprendí y me corté para hallarte dentro de mi, para encontrarte y tirarte y lanzarte lejos y fuera de mi, porque mi cabeza y su razón no podían con tanto sentimentalismo desbordado causado por ti. Así hasta que me quedé desnudo, con los huesos expuestos y triturados, no te encontré ni en algún cúmulo de coágulos, tú ya estabas en todas partes, como un cáncer que invade a todo el ser, te habías homogenizado en mi cuerpo, en mi mente, en mi alma y fuimos uno mismo durante el camino. Me saqué los dientes y en las raíces sangrantes de roja papilla también estabas. Estabas en mi hígado, estabas en mis tripas, en mi cabeza, dentro del corazón, flotabas junto a mi alma.

No, de ti no me puedo desprender y me avergüenzo de no ser el tipo duro y cruel que olvida sus lamentos en los brazos de otras. A mi no me interesa ningún otra, a mi sólo me interesas tú. Tu alma, tu cabeza, tu arte, tus besos, tu boca, tus senos, tu olor, tus vellos, tu sexo, tu espíritu, tu todo.

Te escribo esta carta desde la solemnidad de algún puerto frío y olvidado. Han pasado muchas vidas y aquí sigo, sentado y meciéndome frente al mar, con todas las infinitas posibilidades de vida y sin embargo estoy aquí soñándote, extrañándote, llorándote. 

Me vine al puerto porque aquí es más fácil disimular la tempestad de aguacero que yacen en mis ojitos, soy ahora un hombre sentado en una piedra a la orilla del mar, destinado a derramar sal y agua a lo largo y ancho de los océanos desde este hermoso y distante puerto de huida.

Playa del amor, del dolor, playa de ti, playa de la huida. Huida del caos, de la aspereza de tus labios cuando gritabas y llorabas y me cortabas. Huyo de mí, huyo, huyo y en todas partes ahí te encuentro. Arriba de la piedra, en el trago que bebo, en el mecer de las hojas, en el cigarrillo que aspiro, en el ojo de la luna. Me largo a predicar en soledad y te encuentras en mis sueños, en mis pesadillas, en mis días y en mis noches.

Te amaré hasta que drene al corazón. 

Y ya me hice de una manguera, un puñal y una bomba de succión, me voy a desangrar de ti hasta la palidez de mis labios, hasta el último suspiro de la flor, hasta fusionar tus espinas con mis pétalos, que sin ti caen como cuando otoño y desfallecen hacia el frágil suelo, besándolo, acariciándolo y cobijándolo, así hasta que lo entierran en una tumba de hojas, enterrado como la gran muerte, como la gran paz, inerte y sucumbido por la hermosa lápida de hojas y flores.

Poco a poco, corazón.

martes, 15 de octubre de 2013

Iba haciendo un esfuerzo cuando sentí que bajaba la dopamina, entonces

Hey, tú, recuerda lo siguiente, como te decía tu mamá cuando pequeño, Tranquilito y a cantar que todo va a mejorar. Nada como un día a la vez, recuerda que hay que respirar con serenidad. Mira niño, todo mal tiene su final. Abre tus ojitos, ninguna pesadilla mata, esto pasará.

Iba mejorando, lo suficiente como para filosofar y procrastinar, todo al mismo tiempo, como iluminado, como poeta, como artista, como animal en celo y entonces sentí, pensé y claudiqué, Todo amor tiene su final. Y esta frase llena de patrañas junto a bajos niveles dopamínicos, un clima tan frío como la puta de su madre, sentir el tuétano de los huesos agolparse, una soledad insoportable junto a una asquerosa y mundana cruda etílica terminaron por desbocar mi ansiedad y hartazgo hasta el infinito y más allá.

Hijo, un momento de pasión tendrás que encontrar, aunque sea uno chiquito y bajito como el murmullo,  no tiene que ser infinito como el cosmos, no tiene que ser depredador como el humano, no tiene que ser falso como el poder, sino uno transitorio como tus ideas, uno que varíe como la prosa poética. En este punto la dopamina se tomaba un shot de expreso doble.

Lo único transitorio han sido mis amores, lo mugí claramente y la señora que iba sentaba a mi lado se paro de su asiento y se fue a otro vagón del metro. Pinche señora, de seguro no le gustan extranjeros, menos los cursis. Me dió igual pero la frase volvió a mi cabeza haciéndola recordar, luego, más claros que el agua me llegaron los episodios non sacros, entonces, casi como programación neurolingüística inculqué a mis adentros, Sin mañana, sin pasado, solo el hoy y mejoró el respiro.

Cuando voltees y veas a la tristeza cargada de una cajita de Pandora a punto de entrometerse en tu psiqué, no habrá más que correr, pero si esta llegase a abrirse dentro de ti, a través de suspiros que se convierten en minutos, días sin baños, semanas de retiro y visitas a la tienda buscando la soga del sueño, habrá que hacer todo lo descrito anteriormente. Si no funciona, habrá que rematar rezando seiscientos sesenta y seis padres nuestros.

¿Estás mejor? Sino, o estás poseído o simplemente eres un chiflado. Me di cuenta que estaba poseído por ella y que también soy un chiflado. El mundo iba gris, su recuerdo gris, el mar gris y su rojo cabello se había puesto gris. Gris de lágrimas, gris salado, gris, gris, gris. Saliendo del metro me aviento del cielo y san se acabó, dos paradas más, pensé.

Luego, en la siguiente estación, una mirada desconocida y fijamente posándose directo a mis ojos, un par de arrugas junto a otros muchos pares de arrugas, una sonrisa y sus palabras, todos sus sonidos fueron sensatos, versos llenos de paz, cantados poéticamente, en verso de perfecto tempo, había encontrado el eslabón perdido del perfecto poema, su gracia era infinita, toda bella, toda sabia. Y a pesar de no haber entendido nada de lo que dijo -hablaba otro idioma- yo lo sé, yo lo escuché, yo lo sentí, yo lo viví.

Paró el metro y se iba, antes me pidió la mano, la cogió, la apretó y la usó para ayudarse a bajar. Su tacto en mi caos y sus ojos en los míos pudieron hacerme redimir del pensamiento nefasto y volver a posar las bellezas de la tierra por las vías de tren alguna vez colapsadas, como vagones destinados a descarrilar al que les ofrecen segundas oportunidades, un nuevo par de alas, alas que vuelan muy alto, alas más resistentes que las de Ícaro.

No entendí sus palabras ni admiré a su templo, solo fue una simple y deliciosa cascada de brisa fresca en el corazón. Sin mirada, sin pensamiento, sin fin. Puro amor sin deseo, sin tapujos y sin las complicaciones del lenguaje que me hicieron pasar de un enclenque depresivo a uno lleno de chispas junto a sus respectivos catalizadores.

martes, 8 de octubre de 2013

Mientras oía números, recursos y tramas,


Cajas, activos, significantes, cuentas y capital;
Todo se desboca mientras el agua de mi bote brinca
queriéndose escapar de sus fauces plásticas
sudando estalactitas de cristal muertas,
y así a mis ideas que colapsan excitadas
desde lo más negro del cráneo,
un shot de dopamina a la psiqué
que se me sale el calvario.

Y estas gotas me recuerdan al sudor
que recorría toditita tu piel
cada vez que gemías en llanto
mientras entrábamos y escapábamos
uno y otro a la vez,
un sendero hacia la divinidad,
mi guía espiritual hacia tu cuerpo inmaculado
ajustado por el frenesí de tu piel,
una gotita de sal, pudor y agua
fusionándose en lo más profundo de la boca.

La senda más poética de todas,
el cauce recorrido de la gota de sudor
naciendo desde tu sien izquierda,
erotizándote el cuerpo
en caída libre al compás de la gravedad
recorriendo tu feminidad
hasta lo más bajo de ti,
-no, no son tus ideas,
tampoco tu sexo-
el dedo meñique de
tu regordete y delicioso pie izquierdo.

Gotas de amor
humedad sacra venusiana
me embriago de mar
y fantaseo que estas gotas
se disolverán junto a Soledad,
la que habita en mi paladar
y lo volverán a hacer
junto al cósmico corazón.

Disfruto recordar el desnudarte
sin la necesidad de quitarte la ropa.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Rascando se encuentra a la poesía

La poesía está en todas partes
buscando un recóndito lugar para crear
y hoy se metió hasta lo más hondo de mi corazón,
comiendo venitas,
chupándome la sangre,
drenándome la vida.

Hoy se coló un pedacito de poesía en mi corazón
y me ha dejado estancado
en lo más recóndito de tu ser,
la poesía se busca,
la poesía se encuentra,
se duele y se goza.

Hoy se escondió un pedacito de poesía en mi corazón
y desperté frenético, colerizado
porque tú ya no estás junto a ella
y dejaste huérfano a mi corazón,
entonces me abrí y busqué,
la encontré entre lo más hondo mis latidos.

Hoy intenté drenar la poesía de mi corazón
a través de cortarme profundamente
porque sé que todos contenemos a la poesía
en lo más oscuro y sublime de nuestro ser.

Todos tenemos lleno el corazón
de poesía indecente y de poesía virtuosa,
es la magia que se repliega como un mar hermoso
acariciando la salada piel
de las dunas de arena.

Hoy desperté con poesía en el corazón
y no tengo nada más que compartirlo
con las nubecitas de algodón
que solemne disfruto observar
junto a mi soledad inminente.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Pa' ti


Lindos versos a tus labios,
magnolias a tus ojitos
y espinas para tu corazón,
corazón. 

lunes, 1 de octubre de 2012

El regreso del absurdo

¿Porqué escribe un escritor? Me pregunto a mis adentros. No lo sé y ni me interesa, fue mi primer agitación. Mentira, claro que me interesa pero siempre estoy dando la contra, hasta a mis ideas, hasta a mis entrañas, soy un pequeñito y enclenque disidente. Todo un verdadero desalmado, un hijo de puta, bestia, cabrón e inhumano, como gritaría mi ex esposa.

Quizás se es un escritor porque no se tiene otra cosa mejor que hacer. O porque era lo único que sabía hacer. Quizás sólo quería demostrar algo al mundo. Quizás solo fui un intento de grito. Tal vez era un exhibicionista sinvergüenza cualquiera, de esos que abundan en el mundo del arte. Sí, eso ha de ser. Un sinvergüenza, imprudente, desquiciado, coprofílico, apestólico, engendro, satánico, pedófilo, amlover y comeniños.

Nah, seguramente por algún trauma de infancia, de esos que pululan por doquier. De esos que saturan a los verdaderos artistas. No los de los cuadros, los de las instalaciones, los de los cuentillos, los de la televisión, los del pinche cine, no, no, esos no son más que payasos de baja estirpe. Un verdadero artista disfruta de las vejaciones, violaciones, peleas, accidentes, terremotos y más. Eso lo aprendí del romanticismo y el falso estigma del artista. No me juzgues, es que los libros me dicen que pensar y yo no me sé negar.

Y lo pienso y me intrigo y profundizo en mí, no veo ninguna calamidad en mi pasado, solo veo juegos, bicicletas, ajedrez, oratoria, pintura, electrónica, guitarra, tazos, dulces, fútbol. También veo una familia disfuncional, ¿alguien conoce a alguna funcional? Que tire la primera piedra el que sí. Nintendo, masturbaciones, pubertad y decadencia. Sí, decadencia suena bien y queda mejor. Aunque la verdad siempre fui y sigo siendo, bastante ñoño. Entonces ¿dónde quedaron los traumas de niñito?

Si no me pasó algo grave, si no me quedé inválido, sino he sido amputado de mis extremidades, si sigo teniendo falo funcional y si estudié en una de las escuelas más clasisistas y caras de mi país, con aquellos huercos que sabiéndose ricos de por vida solo tenían mierda que ofrecerle al cosmos, entonces, ¿porqué tengo el alma de escritor? De esas tristes, vagas y taciturnas almas que deambulan arrastrando sus eternas cadenas por doquier. ¿Porqué coños mostrar el cáncer y asquerosidad que siento por la estirpe humana? ¿Porqué si fui criado como Marcelino Pan y Vino?

Filosofando durante mi viaje a un recóndito pueblo aledaño a mi ciudad, vislumbré lo que ya todos conocemos, la capacidad en que la televisión nos envuelve como una madre arropando a su indefenso bebé, como un alcohólico abrazando su botella, como una cuarentona teniendo su primer orgasmo. ¡Vaya genio! ¿Dónde está mi premio por tan sigilosa teoría?

¿Quién no fue criado por la televisión? Piensen, ¿Recuerdan los sentimientos encontrados cuando la televisión? Infinidad de ellos. Emanan olores a papitas con salsa botanera en pleno domingo de eucaristía, a paletas de sandía incrustándose entre los dientes, a madrugar cuando niño a para esperar la primer serie de las aventuras a las siete en punto de un gran domingo. Mientras todos se lavaban y acicalaban para irse a la misa, yo me ponía mis camisetas de súper héroes y disponía a ver de mis serias favoritas. Y es aquí donde se rompe mi Pandora y sale a relucir mi tétrico pasado. Tocando esta sensibilidad fantoche de infancia, evocación y trasgresión humana. Mi primer gran tragedia, como diría, mi ya agobiada, terapeuta.

¿Mi trauma infantil? Mi caricatura favorita, los Caballeros del Zodiaco. Y comienza la más triste de las desdichas, incluso más triste que los patéticos videos de gatos y la gente irreverentemente inteligente que los satura de likes y views a tan prodigiosas obras humanas.

Éramos una jauría de mocosos y amábamos a los Caballeros del Zodiaco, esa caricatura de grandes seres mitológicos y fantásticos luchadores en cuerpos de humano. ¿La recuerdan? Fantásticos hombres ataviados de metales preciosos, oro, plata, bronce u otros materiales. Ónix, jade, madera, semen, que se yo, había de todo tipo para todos los gustos. O la versión mexicana racista del caballero Mosca, aquel que muere de un solo golpe a causa de su chafo mexicano material. Si eres maduro, sabio y no has muerto de sobredosis, seguramente lo recordarás.

¿Recuerdan a todos nosotros, pequeños, chiquiticos y huerquitos ensimismados al final de cada capítulo? esperando que nuestros enclenques debiluchos de bronce sacasen la casta para derrotar a la orgiosa jauría de caballeros dorados envilecidos por el poder del universo. Queríamos darle en la madre a los mágicos caballeros dorados tocados por la pija de Dios, aquellos que transtornados y agazapados por la puta de la ambición y el gigoló del poder, decidieron desobedecer sus leyes universales y dieron la contra al cosmos para intentar dominarlo. Doce signos zodiacales, doce caballeros dorados que derrotar en 12 horas por 4 pusilánimes jóvenes con cuerpo de mujer y protección de bronce.

¿Qué putas dije? ¿fantásticos cuerpos de mujer?, ¿será o estoy desvariando? ¿Niñas enfundadas en metales para salvar al mundo? Ahora lo pienso y sí, mujeres. ¿De pequeños las veíamos como niñas? No. ¿De grandes? Sólo si se es sabio y crítico como uno. ¿Entonces de pequeños jugábamos a aspirar a tener un cuerpo de niña y ser adorado por Atena y ser protector del universo? Sí. ¿Estoy cometiendo una herejía porque te hago recordar esos sacro momentos y hasta hoy te los cuestionas? Quizás.

¡La puta madre y lo grito! Esas caricaturas no eran más que mujercitas con mucho poder y lindísimas armaduras. Y todos los niños de mi generación querían ser como ¿ellos? Ahora entiendo el declive de mis contemporáneos, de mi misma sangre con la cual crecí. De su tergiversada sexualidad a base de este tipo de caricaturas. ¿Y nuestros padres? A ellos les daba igual mientras pensaban que éramos una bolita de machotes, fuertotes, que peleábamos contra los malos pensando nosotros en ser como los audaces Caballeros. Hoy lo pienso y resuelvo que todos nosotros queríamos ser las verdaderas Damas del Zodiaco. Pinches japoneses retorcidos, creando caricaturas lindas para los bebos, tan lindas que en el fondo de las mismas les cambian los sexos a los personajes y destazan, sin darnos cuenta, la poca espiritualidad que nos cargábamos, pero bueno, esa es tela para otra de estas tonterías escritas.

Cabello largo y perfecto, más sedoso y hermoso que cualquiera de las mujeres. Eran flaquititititos, como cuerpo de modelo de pasarela. Ojazos tan bellos como los de las ninfas con las que sueño. Movimientos de bailarina profesional de balet. Ponle pechos a esos personajes y me caso con alguno de esos.

Disculpen la emoción. Viré un poquito hacia mi trauma, quizás por el hecho que hoy, duele hasta las entrañas.

Según ustedes, cuestionables o no, sobre mis sigilosos pensamientos, hay otros totalmente incuestionables dentro de esta caricatura. La osadía ochentera de promover sin escrúpulo alguno, la homosexualidad. Jesús, María y José, ¿qué nos hicieron de chiquitos?

¿Se acuerdan del caballero Piscis? Su máximo poder era lanzar una hermosa flor negra llena de pétalos hermosos, al corazón de sus oponentes, hasta que esta consumía su sangre, tornaba roja y morían. ¿Se acuerdan de su lunar lleno de sensualidad arriba de su boca? ¿Recuerdan su voz afeminada? Los caballeros no le temían por su preciosa armadura dorada, ni por su flor negra, sino porque el tipo seguramente era de los que esperaban a que el oponente durmiera para darle una tremenda cogidota sin consentimiento.

A Aries le dieron tremenda sabiduría. A Leo, un potente casco de épicos cuernos. Géminis, el jefe de los malos. Cáncer, pura explosión. Leo, más valentía que ninguno. Virgo, concentración infinita. Libra gozaba de poderosas armas. Escorpión era un asesino despiadado. Sagitario tenía la más perfecta de las armaduras. Capricornio era un completo hijo de puta. Acuario una bestia de la muerte. ¿y Piscis? Ya hablamos de este ser, mataba con rosas y te tiraba adrede el jabón.

Nací en febrero, el último día del mes, todo un piscis.

¿Se imaginan cómo fue mi infancia? Venga, venga, ponte en mis zapatos, todos felices de jugar a los caballeros del zodiaco mientras a mí me tocaba el más afeminado y mariquita de todos. En país machín, huercos machines y mentes pendejas, viví, sufrí y lloré.

¿Ahora entiendes porqué escribo?

sábado, 3 de marzo de 2012

Zoo Sueño

Ibas de leopardo. Tenías toda su sensualidad y pasión. Sabía que le habías robado el alma a una de estas majestuosas bestias. Eras todita tú, completita en toda materia, en piel, en color, en tacto, eras la misma ninfa con cabellos negros como el abismo y tus ojitos conservaban el color de la laguna virgen a la cual íbamos a perdernos. Tenías las manchas del animal por todas partes, de pies a cabeza, totalmente hermosa, como una bestia cargada de lujuria. Ibas desnuda y arribita de tu delicioso y blanco trasero te salía una larga y sensual cola felina, ensalzando a tu perfecta y curvilínea cadera.

Fuiste libido andante, mostrando tu cuerpo sereno como lienzo, con lo pardo de las manchas, sensual e indeleble como una gran fiera. Caliente y húmeda, casi incorpórea para mi tacto. Ibas con mirada penetrante y ardiente, como de Fénix reencarnado. Ávidamente gesticulabas tu deliciosa y carnosa boca de fresa haciéndome tambalear. Ibas celestial como las nubes y yo empezaba a vibrar con los cosquilleos del amor.

Corrías, brincabas, escupías, sangrabas, jugabas. Me olfateabas cada rincón. Me lamías en caricias mientras agitabas frenética la cola. Me tirabas al suelo y te ibas, me mordías el cuello, las orejas, la espalda. Te parabas frente a mí, te tocabas los perfectos senos y los hacías bailar en vibración, los lamias y mordías, los amabas hasta las ansias.

Yo estaba sulfurando. Lo único que anhelaba era volver a poner mis labios entre los labios de entre tus piernas, comerte todita desde allí, ansiaba chuparte, lamerte, escupirte, tocarte, cogerte, magullarte, odiarte, amarte y todo a la vez.

Dabas vueltas a mi alrededor, mirándome, pensando en la manera de acabar con mi ser, con mi falo, con la dignidad que nunca tuve. Querías drenar mi semen, veía tus ganas de extasiarme frenéticamente.

Nunca estuviste quieta. Me sometiste y caí rendido de espaldas, sentado sobre el suelo. Embriagado de placer me incliné hacia atrás, entonces me dijiste, Cierra los ojos y así mantente, con la cabeza inclinada, llena de saliva tu lengua, llénala de mucha saliva y sácala.

Obecedí y esperé. Esperé y esperé hasta que una gota de Dios cayó en mi lengua, gritaste, Beber de mi lluvia. Seguía con los ojos cerrados y bebía lo que caía dentro de mi boca, gotitas sabor a caos, gotas tempestuosas del fruto prohibido, lágrimas del último asceta. Me llené de espuma vaginal hasta el desborde. Sentía las gotas eróticas recorrerme la piel, cayendo como cascada que lame al suelo fértil, gota tras gota hasta llenar al Pacífico.

Con mi lengua me mojo mis labios, con tu lluvia vuela mi ser.

Abre los ojos, me ordenó. Hice caso y vi sus piernas llenas de danzantes serpientes que besaban la planta de sus pies, eran ríos y caudales de amor escurriéndose entre sí. Estabas agachada, de espaldas hacia mí, con el culo y la vagina goteando delicioso néctar por todo mi rostro, recorriéndome gotas de ti que iban a desembocar hasta mi falo maniaco. Te sentaste en mi cara y te empezaste a restregar. Despacito primero, como un murmullo, para después aumentar la intensidad hasta emitir el más fuerte de todos los gritos. Te subías y bajabas por mi rostro hasta casi asfixiarme. Dejaste una obra maestra en toda mi cara, el más rico de los recuerdos.

Fuiste arte, y como gran arte, engaño.

Bebí de tus néctares hasta el desmayo. Cuando recuperé la consciencia me vi envuelto en estelas de poder color oro, mi fragilidad estaba esfumándose. Torné felino a causa de tus jugos cósmicos. Me convertí en la bestia que deseabas en tus adentros.

Me levanté del embriagador estado y te miré fíjamente a los ojos, Ven acá, te ordené, sabiendo que ya nada tenía que temer. Mi cabeza trepidante se había puesto violenta, digna de desmoronar como un castillo de arena la dignidad de cualquier prejuicioso moralista. Y empezamos a follar como lo que fuimos, bestias insaciables.

Te pude cortejar como el gran mamífero, olerte el culo, darte vueltas por todo el espacio, nos montábamos una y otra vez. Ya felino, pude lamerte toditito el cuerpo, morderte, azuzarte, acariciarte, anestesiarte y eyacularte una y otra vez hasta el fin del amor.

Penetrar, salir, moverse, gritar, morder, pellizcar, lamer, escupir, acariciar. Como animales, como ascetas, como vírgenes, como si el cosmos fuese a colapsar.

Y sonó la puta alarma. Desperté, luego, el mundo se desmoronó hasta el crac.

sábado, 7 de enero de 2012

.

Vámonos a caminar al centro del cosmos, donde la brisa del universo te embriaga de caricias y el folklor lo es todo. Allá donde los pensamientos delirantes se tornan escritos y diseños. Vamos a sentarnos justo en el rinconcito donde preñaremos a la semilla de la creación.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Poesía.

La poesía es amoral. La poesía es asexual. La poesía lo es todo. La poesía se desfragmenta como una flor envejecida. La poesía se vuelve polvo. La poesía somos todos. La poesía se vuelve luz. La poesía es pura locura. La poesía son cortes de piel. La poesía es el lienzo virgen. La poesía es pura locura. La poesía es una mentira disfrazada de verdad. La poesía es magma hirviente. La poesía satisface al alma. La poesía excita al asceta. La poesía existe en soledad. La poesía llora luz. La poesía es una catarata de pasión. La poesía es el sol congelado. La poesía es puro amor.

La poesía sólo es.

Espasmos de luz incandescente

Todo empieza con pequeños jadeos, pequeñitos y diminutos como tus cosquillas, lindos y suaves como tus besos en el cuello. Así hasta subir la intensidad al nivel electroshock.


Suicidio efímero,

no hay zumbidos ni hay ayer.


La cabeza trepidante revolotea como los últimos espasmos de una convulsion mortal mientras sientes como toda la energía acumulada de años y años de decepción se derrite en fantasía etérea.


La espina dorsal jadeante de placer.


Ya no atravieso mi coche con violencia contra la vida, ni eyaculo sobre Dios, solo vuelo sin sentir, vuelo en manía. Me rasco de ansias los ojos hasta deshacerme de ellos, sentir vibrar la calidez de la sangre me sulfura en paisajes infinitos.


Los instantes se vuelven eternos y el sexo se fragua de cosmos, son ocasos momentáneos, es la lucidez plena de la locura, son tus orgamos dentro de mí, es el calor del sol.


Y me estrello a mil por hora

y me deshago en tirajes de carne espiritual.


No muero, no me acabo, solo me transformo debajo de la insípida sangre de la depresión. Me he tragado al Fénix, me he tragado a la muerte de mi madre, me he tragado tu espíritu y ahora soy todas las nubes cósmicas en plena danza de viento.


Los dientes rechinan y tiemblan como acorazados lanzados desde el cielo, las bombas nucleares me queman la sien, el esperma se vuelve magma y tu imagen delirios.


Caos, caos,

demencial caos.


Me lanzo a los abismos y me deshago del paracaídas, busco las rocas más duras en donde caer, quiero vidrios, quiero pasión, quiero saliva, quiero tu sexo, quiero el frenesí.


Y me arrodillo,

frenético, maniático, excitado.


Que esta luz tan repentina nunca se acabe.

Que este fuego ardiente siempre combustione.

Que esta poderosa manía nunca se vaya.


(Y las luces moderan su intensidad.)

jueves, 15 de septiembre de 2011

Acostumbrarnos a la humedad

escribo arabescos con tus lágrimas de miel en lo amplio del ventanal,

el vidrio opacado por el vaho de la penumbra y nuestros alientos

me incita a cortar tu lánguida y calientita lengua en rollitos de placer,

recuerdo jugar con ella

mientras nos pellizcábamos los párpados

extenuados de tantos ocasos de luz,

entrando y saliendo

una y otra vez en nuestro cuerpos.



sumas y sumas de gracia,

como la noche eterna que escribo en la piel,

como el pecado andante de tu belleza ancestral

mítica como la noche

tan perfecta como solo tú sabes serlo.



y respiro dibujos de gotas abstractas llenas de tintas y color,

tantos sentidos en revolución andante aullan en trepidante gloria.

beso a la tierra fértil que me ata a mis raíces

mientras bebo toda la humedad de mi vida

y la de tu ser.

seguiré ideando en como transformar las partículas de sol

en astillitas de deliciosas gotas

para así mojarnos

hasta que dure lo que dura un fragmento de infinito

y volvernos humedad entre los poros.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Yin Yang

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Las flores a morir

Mientras sigues encerrada

en lo más recóndito

de una diminuta caja de concreto y cristal

yo sigo afuera

oliendo el olor a panteón

que emana de mi piel,

a su pútrida tierra de muerte y dolo,

a las espinas de flores marchitas

que envenenan de pesar la latitud,

al hueso corroído hasta la ceniza,

a los órganos coagulosos y regordetes

devorados por millares de gusanos.

Y no es un mal hedor,

solo es el hedor

de la eternidad incorpórea.

Cierro a la par mis manos

capturando la más exquisita de todas las esencias,

entre mis dedos apretados pongo el ojo

y diviso el olvido,

es como un remolino espacial

que gotea un negro tan oscuro que me causa pavor.

Mis manos son un espacio suficiente

donde cohabitan infinitas almas

que lloran ante el espanto del último suspiro.

Con mis manos cubro a plenitud un espacio dulce

en donde el tiempo dejó de capturar al ayer

y lanzó al abandono

el transcurrir de tu legado.

Mis manos se desfragmentan

como granada mártir al limpiar mis lágrimas.

En mis manos cabe toda tu vida.

Mis manos aplastan toda vida.

Mis manos se desmoronan

como arena soplada.

La muerte no es sino una mera confusión

entre lo que respira a través de la carne

y lo volátil de la fantasía.

La muerte es un alfiler

enterrado en el corazón

que deja lentamente de sangrar.

La muerte es la estaca profunda

que se quedó perdida en las marañas

de nuestras entrañas.

Podrán pasar un millón de días y sin embargo

las espinas se aferran a uno como la sal al mar.

Podrán nacer un millón de madres

y todas están destinadas a caer

una vez la puesta del sol.

La muerte es vida efímera

intrincada en lo más hondo de nuestras almas.

La muerte es un recuerdo póstumo de la materia que se esfuma.

La muerte es perderse a nado

en un pajar de caos.

La muerte son nubes infinitas

que danzan al compás del tronido de las ramas.

La muerte es cuestión de nulidad

y una línea trazada por el más intenso de los carbones

desde el punto cero hasta el punto de nunca acabar.

La muerte no se olvida,

se vive

y es un pesar tan intenso

que las fibras más insensibles de nuestro ser

se tiñen de un rojo tan vivo que quema,

extrema al espíritu

y lo oprime con lo más pesado de su objeción .

Y mientras mis órganos siguen cargados de calor vital,

escupiendo,

blasfemando

y latiendo como marimbas silenciosas,

la muerte me aguarda sigilosa,

detrás de las montañas que tendré,

algún día,

atravesar.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Caliente

Nací de la tierra árida que se incrusta entre los dedos del pie cuando desnudo camino por el desierto. Sensible como el corazón elegí el trazar esbozos de sangre en las ruinas vorágines de la nada.


Soy caliente como tu boca. De madre cálida nacida en el desierto. Soy de mar, soy del sur, anclado en aguas termales del trópico. Soy del vientre térmico de mi madre. Extensión de sus ovarios, semilla incipiente del esperma. El sexo fue ardiente. Soy cálido como el abrazo, como el beso, como el sexo.


Solo busco el contemplar y sentir. El despertar con caricias llenas de sol en mi magro cuerpo. El dormir bajo el lecho de la palma. Cobijado entre humos de coco y copal. Adormecido por el sabio elíxir de la amapola.


Soy sufragio de la piel. Disfruto de sudar y el quemarme bajo la frágil estela del fuego.


Y me corto profundamente para drenar todo frío y dejar que la cálida paz de la virginidad del mar entre en mí. Así, calientita y recóndita. Dentro, muy dentro. En paz y en calidez.


Para que después del infinito vuelva cálidas cenizas. Rojitas, amarillas, naranjas y sol. Para que después de muerto vuelva a eyacular en vida.


Calientita vida.